Un contador porteño cambió Buenos Aires por los pinceles en San Martín de los Andes
Darío Mastrosimone tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre: dejó atrás su exitoso estudio contable en Buenos Aires para empezar de nuevo en San Martín de los Andes, donde encontró su verdadera pasión en la pintura.
A los 61 años, este hombre encontró en la ciudad cordillerana neuquina un refugio donde desarrollar lo que él mismo define como "su mundo paralelo". Cada mañana, cuando se encierra en su atelier, la rutina se vuelve ritual: deja que el jazz o el rock sinfónico invada el ambiente y simplemente se dispone a pintar.
Su proceso creativo se nutre de diversas fuentes de inspiración. A veces se basa en las fotografías que almacena en su computadora de jineateadas, arreos o alguna montaña que capturó su atención. En otras ocasiones, simplemente se deja llevar por los apuntes que tomó durante sus recorridos por la región patagónica.
La transformación de Mastrosimone representa un cambio radical de vida: del mundo de los números y balances contables al universo de los colores y las formas. En su atelier de San Martín de los Andes, este ex contador porteño se abstrae por completo del mundo exterior para sumergirse en su nueva realidad artística, donde la música y la pintura se combinan para crear su particular espacio de expresión creativa.
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