Pesatti advierte sobre el "yaísmo": la patología cultural de la inmediatez que nos hace olvidar el valor del tiempo
El vicegobernador Pedro Pesatti analiza el "yaísmo", la patología cultural de la inmediatez que nos impide tolerar procesos que requieren tiempo.

El vicegobernador de Río Negro, Pedro Pesatti, publicó una extensa columna de opinión en la que analiza lo que denomina "yaísmo", una patología cultural contemporánea que define como la incapacidad estructural para comprender y tolerar los procesos. "Es muy largo" es, según Pesatti, la frase que expresa con mayor precisión el espíritu de nuestra época, una reacción automática ante cualquier contenido que requiera atención sostenida.
"El yaísmo es una incapacidad estructural para comprender y tolerar los procesos. Es el imperio del '¡ya, ya, ya!', una exigencia totalitaria de inmediatez que pretende despojar a los hechos y a las acciones humanas de su propio y consustancial espesor temporal", sostiene el funcionario provincial en su análisis. Según explica, vivimos bajo la ilusión de que el resultado de las cosas puede desvincularse de las condiciones de posibilidad y del camino necesario para alcanzarlo.
En esta lógica del consumo instantáneo, describe Pesatti, el pensamiento se vuelve síntesis apresurada, los audios y videos se reproducen a velocidad alterada (1,5x o 2x), los libros se reducen a resúmenes generados por algoritmos y la vivencia profunda cede su lugar al scroll fugaz de una pantalla. La causa, según el vicegobernador, es evidente: la tecnología ha comprimido extraordinariamente los tiempos de ciertas tareas, con comunicaciones instantáneas y obtención de datos inmediata. Sin embargo, señala que "el error trágico de nuestra cultura ha sido extrapolar la velocidad de los algoritmos a la naturaleza misma de la condición humana".
Pesatti advierte sobre la ironía absurda de esta situación: "Siguiendo esta dirección, no parecería tan lejano el día en que la impaciencia nos lleve a reclamar que un niño nazca en el preciso instante de su concepción, y a olvidar que la gestación de una nueva vida exige meses de espera". Para el funcionario, estamos a punto de olvidar que la fruta verde, cuando se arranca de la planta sin esperar a que madure, es siempre agria y sin sustancia.
El vicegobernador recurre a la exhortación Evangelii gaudium del papa Francisco para fundamentar su postura: "el tiempo es superior al espacio". Este principio, explica, advierte que la obsesión por el espacio nos limita al control inmediato y al resultado estático, mientras que el tiempo es la dimensión que inicia procesos, permite la germinación, el desarrollo y la plenitud de lo humano. "Quien se enfoca únicamente en la inmediatez del espacio busca la foto del éxito, pero quien dialoga con el tiempo acompaña el esfuerzo de la siembra, el cuidado del cultivo y la madurez de la cosecha: la victoria de la vida", sostiene.
Pesatti también apela a la filosofía para reforzar su argumento, citando a Hegel y su concepción dialéctica, donde la verdad no es un resultado estático que se pueda entregar terminado. "Para el autor de la Fenomenología del espíritu, la verdad es el todo, y el todo incluye el devenir, el conflicto y el despliegue a través del tiempo", explica. Asimismo, cita a Jorge Luis Borges: "El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río", señalando que para el escritor argentino, el tiempo no es un mero escenario externo sino el tejido mismo de nuestra identidad.
"La trampa principal del yaísmo consiste en hacernos olvidar que las realidades más valiosas de la existencia son, por definición, largas", afirma el vicegobernador. Un árbol centenario no se erige mediante impulsos digitales ni un conocimiento sólido se improvisa con esquemas simplificados, sostiene, del mismo modo que una amistad verdadera, una obra de arte o una vocación jamás pueden nacer del chispazo de un clic, sino de procesos sostenidos y diversos.
Finalmente, Pesatti invita a la reflexión: "Cuando vuelva a surgir la tentación de pronunciar el veredicto despectivo 'es muy largo', valdrá la pena detenerse a pensar. Quizás lo que esa frase delata no sea un exceso de extensión en un texto, por ejemplo, sino la fragilidad de nuestra propia capacidad de atención y escucha". El funcionario concluye que volver a mirar la vida como un proceso no es un gesto de nostalgia, sino un acto de resistencia cultural civilizatorio, recordando que sin tiempo no hay memoria, no hay historia ni hay sentido, y que todo aquello que realmente vale la pena se despliega en la serena extensión de lo que requiere tiempo para madurar.
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