Los secretos del suelo: claves para preparar un viñedo exitoso
La preparación del suelo constituye uno de los aspectos más determinantes para el éxito de un viñedo, ya que distintos tipos de suelos van a promover distintos tipos de resultados en las uvas y, posteriormente, en el vino terminado. Por esta razón, la elección, análisis y preparación correcta del terreno reviste una importancia fundamental para el desarrollo óptimo de las vides.
Como norma general, la vid se adapta y desarrolla mejor en terrenos secos o semisecos, pobres, de limitados recursos hídricos, sin exceso de materia orgánica, y de preferencia calizos y arenosos. La primera observación del futuro viñedo debe demostrar si posee pendientes, en qué grados y orientación, las zonas posiblemente más húmedas y aquellas con más horas de sol al día. Posteriormente, un análisis del suelo utilizando las llamadas "calicatas" -pozos de aproximadamente dos metros de profundidad por otro tanto de largo- revelará el perfil del suelo, su profundidad y la capa freática.
Los análisis abarcan un muestreo exhaustivo de las diferentes capas del suelo, incluyendo los niveles de nutrientes, los distintos horizontes bajo la tierra, la textura, la resistencia a la degradación, el fósforo, el nitrógeno, el potasio, los microelementos, las lombrices, los nematodos y, por supuesto, el agua en términos de capacidad de retención, filtración y humedad. Estos factores tendrán un efecto directo en las características de las uvas que crezcan en ese terreno, permitiendo determinar si el suelo es apropiado o si necesita algún tipo de corrección, como ajustes del pH.
En casos donde se encuentren niveles altos de nitrógeno, la norma indica sembrar pastos para que absorban el exceso del suelo y posteriormente cosecharlos, evitando así un exceso de vigor en las vides. Las labores culturales incluyen el nivelado del terreno si fuese necesario, el drenaje de aguas, el armado de surcos, la distribución de las hileras y el desfonde, que consiste en excavar la tierra para removerla y airearla, rompiendo las capas duras, eliminando malas hierbas y favoreciendo el desarrollo del futuro sistema de raíces.
Una vez terminado el trabajo de preparación, normalmente se realiza un abonado de fondo, mezclando ese abono con el suelo existente para luego nivelar el terreno, quedando preparado para la plantación. La elección del sistema de plantación, la orientación y dirección de las filas busca maximizar la eficacia lumínica y la distribución de la humedad y las brisas, evitando la erosión prematura del suelo. Según el Licenciado en Enología argentino Ángel Mendoza, "a mayor altura de los suelos cultivados, mayor potencial de calidad", destacando que la vitivinicultura de altura superior a 1.000 metros sobre el nivel del mar define un perfil único para los grandes vinos Malbec de Argentina.
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