IB50K: el concurso que impulsa la transformación de ciencia argentina en empresas tecnológicas
El Instituto Balseiro realiza la 16ª edición del IB50K, que distribuye US$50.000 del sector privado para convertir ciencia en empresas tecnológicas.

El Instituto Balseiro lleva adelante por decimosexto año consecutivo el IB50K, un concurso que busca convertir ideas científicas y tecnológicas en planes de negocios viables y, eventualmente, en empresas de base tecnológica. La iniciativa distribuye un fondo equivalente a US$50.000 aportado por el sector privado y este año llegó a su instancia final con ocho proyectos seleccionados de distintas universidades e instituciones del país.
Mariano Cantero, secretario de Vinculación e Innovación del Instituto Balseiro, explicó en diálogo con Va Por Vos por Voz Radio 103.7 que el concurso responde a una pregunta clave del sistema científico argentino: qué ocurre con el conocimiento después de que se genera. "Es un compromiso que el Instituto toma como parte de la Comisión Nacional de Energía Atómica y de la Universidad Nacional de Cuyo de llevar un paso más allá lo que es la formación de profesionales, capacidades, investigación, desarrollo e innovación", señaló. El objetivo final es "generar un instrumento que es una empresa de base tecnológica, que genera un bien o un servicio que resuelve un problema de la sociedad".
El funcionario planteó que la sociedad invierte en formar a sus jóvenes a través de universidades nacionales e instituciones científicas que desarrollan conocimiento, pero ese recorrido muchas veces termina allí. "Esto busca dar un paso más allá para que ese conocimiento se transforme en una herramienta que genera trabajo, que resuelve un problema y que también está en un formato de una empresa que genera riqueza", sostuvo. De esta manera, el IB50K intenta cerrar una brecha histórica entre la generación de conocimiento y su llegada al sistema productivo.
Una particularidad del concurso es que el financiamiento proviene íntegramente del sector privado. "El premio lo aporta el sector productivo del país", explicó Cantero, aclarando que el Instituto Balseiro gestiona el concurso y pone personal, pero no aporta los premios directamente. Los US$50.000 equivalentes se distribuyen en tres premios: 60% para el ganador, 30% para el segundo puesto y 10% para el tercero, funcionando como capital semilla en una etapa crítica donde un desarrollo debe demostrar que puede convertirse en un producto comercialmente viable.
Respecto a las temáticas dominantes, Cantero destacó el crecimiento de la biotecnología en las últimas ediciones y la creciente transdisciplina que mezcla tecnologías para resolver problemas diversos. "En los últimos años ha habido un aumento en lo que es el uso de la inteligencia artificial para resolver problemas", afirmó, señalando que esta tecnología aparece cada vez más integrada a medicina, ingeniería, energía, agricultura o sistemas industriales. También anticipa el surgimiento de iniciativas relacionadas con el desarrollo de Vaca Muerta y los hidrocarburos no convencionales.
El proceso del IB50K comienza cada abril con un fuerte componente formativo. Los equipos presentan sus planes de negocios hacia mediados de año, son evaluados por especialistas técnicos y económicos, y reciben devoluciones y recomendaciones. "El concurso tiene un proceso de formación metido adentro del mismo", explicó Cantero. Los finalistas, nunca más de diez, participan de jornadas de mentoreo y ensayan sus presentaciones antes de la instancia final.
Este año, ocho proyectos llegaron a la final, abarcando biotecnología, salud, energía, tecnología nuclear, agricultura, inteligencia artificial y nuevos materiales, desarrollados por equipos de distintas universidades del país. El 30 de octubre deberán presentar públicamente sus desarrollos frente al jurado y representantes del ecosistema científico y productivo en el Instituto Balseiro, donde se anunciarán los ganadores. La instancia final se desarrollará entre el 28 y el 30 de octubre.
Cantero ubicó al concurso dentro de una visión más amplia: "Es ir en la dirección que va el mundo: economía del conocimiento, una matriz productiva cada vez más diversificada y con mayor valor agregado". Según el funcionario, el país tiene una oportunidad si logra complementar su matriz basada en recursos naturales con conocimiento y tecnología. "Toda la parte de recursos naturales está muy bien, pero hay que agregarle valor, ponerle economía por sobre la extracción y que el país exporte materia con muchísimo valor agregado", sostuvo, definiendo al IB50K como una plataforma para impulsar ese cambio estructural en la economía argentina.
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