Guido Ferrari: el pintor angosturense que convirtió los paisajes patagónicos en su obra de arte
Guido Franco Ferrari es un artista de 31 años que nació en Bariloche pero se crió y vivió casi toda su vida en Villa La Angostura. Desde pequeño lo apasionaron dos cosas: el arte y la naturaleza, y con el tiempo logró hacer de esa combinación su forma de vida. Una decisión, una elección y una invitación que llegó casi por casualidad fueron los elementos que le dieron inicio a un camino que hoy recorre con éxito y pasión.
Cuando finalizó el secundario, Ferrari se fue a estudiar a Buenos Aires. Aunque el arte ya era su pasión, los miedos, prejuicios y dudas sobre si podría vivir de ello lo llevaron a elegir otra carrera. "Estudié Diseño Gráfico, aunque no terminé, y también hice un par de años de Animación de cine", contó en diálogo con ANB. Sin embargo, nunca dejó de pintar: "Volvía de trabajar todo el día y cuando llegaba a mi departamento, me ponía a pintar".
Con el tiempo se dio cuenta de que vivir en Capital Federal, en medio del caos de la ciudad, no era para él. Habló con su familia y le dijeron que vuelva ese verano a probar en Angostura. En ese momento crucial, ocurrió algo que cambiaría su rumbo: tenía un blog donde publicaba todas sus obras por pura pasión, y fue visto por las personas indicadas. A través de esa página web fue invitado a exponer en Estados Unidos. "Las casualidades no existen, pero sí fue el resultado que vino después de una decisión", consideró el artista.
El camino no fue ni es fácil. Vivir del arte se pone muchas veces cuesta arriba y Guido lo entiende perfectamente. "Lo relacionado con el arte o la cultura queda para lo último; y eso se entiende perfectamente cuando a la gente le cuesta llegar a fin de mes", explicó. Cuando era chico, incluso no había salas de exposición ni se veían obras artísticas en salones de hoteles o restaurantes en Angostura. "No había un norte para seguir, pero a la vez, había mucho para hacer", sintetizó sobre ese desafío inicial.
Para darse a conocer, comenzó a tocar puertas en todos los hoteles que se le ocurrieron: Llao Llao, Correntoso, café Antibes. "De cientos de lugares, en la mayoría me dijeron que no, pero con los que me dijeron que sí, se armó un camino que me dio a conocer. Ellos son los mismos que me recomiendan al turista o a quienes están interesados en el arte patagónico", relató agradecido.
Su taller es la naturaleza misma. La cumbre de una montaña, la costa de un río o de un lago, un mirador o un valle entre cerros pueden ser utilizados como su lugar de trabajo. "Es muy diferente a pintar adentro, en un atelier; que es como un refugio", señaló. "Afuera hay muchos desafíos, cambia la luz, el viento, la lluvia. Estás rodeado de un entorno que afecta para bien o para mal. A mí me gusta impregnar la obra con esa energía del lugar. Si voy a la montaña, la obra va a tener una energía más limpia que en la ciudad".
En cuanto a su técnica, Ferrari experimenta constantemente: "Mayormente uso óleo con espátula y pinto al aire libre, o 'plein air', un término francés que inventaron los impresionistas". También incorpora elementos del entorno natural: pigmentos con cenizas volcánicas, hojas de árboles con colores otoñales o incluso una pluma de cóndor que utilizó para pintar. "Me ha pasado de estar pintando afuera, y con los vientos de acá, se llena de arena el óleo. Así, termina siendo una obra con una textura diferente".
Desde 2018 viaja a Europa casi todos los años, exhibiendo en Islandia, París, Austria, Eslovaquia, Dinamarca, Italia y Bulgaria. Su primer viaje a Islandia lo llevó a vivir una aventura impensada: durante meses recorrió Europa en bicicleta con su equipo a cuestas, pintando en paisajes increíbles y conociendo gente que se convirtió en familia. "Ahora, por ejemplo, trabajo con una galería en Eslovaquia. El año pasado me invitaron a un simposio en Austria", señaló. Al recordar el lugar más desafiante para pintar, mencionó ese viaje en bicicleta llegando a los Alpes suizos: "Me sentí en casa por el paisaje, pero fue durísimo subir esas subidas con una bici de tres cambios".
En la Patagonia, subir a una montaña con el peso del equipo que ronda los 15 kilos representa una prueba en sí misma, sumado a las condiciones meteorológicas variables de la zona. Sobre su obra favorita, Ferrari es claro: "Había un pintor que decía 'la mejor pintura es la que está por venir', y lo comparto. La pintura terminada es la consecuencia de un trabajo que se está haciendo anteriormente. Todo el proceso previo, desde que me levanto hasta el momento de pintar, es lo que va a decir cómo va a salir esa pintura. Siempre es un misterio lo que va a salir del vacío".
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