El oficialismo rionegrino enfrenta su peor momento: desgaste, fugas políticas y un gabinete sin respuestas
Weretilneck busca reelección pero el oficialismo muestra desgaste, fugas políticas y un gabinete sin respuestas ante la crisis interna.

En busca de su reelección, el gobernador Alberto Weretilneck intenta recuperar la mística electoral que lo caracterizó en sus anteriores mandatos, pero el oficialismo transita uno de sus momentos más complejos. Lejos de mantener la euforia triunfalista, Juntos Somos Río Negro muestra a su tropa con signos de cansancio y desconcierto, mientras se profundiza el desorden interno. La sensación generalizada en el espacio es que todo depende de la incansable voluntad del gobernador.
La gestión en Río Negro atraviesa uno de sus momentos de mayor fragilidad. Lo que en mandatos anteriores funcionó como una maquinaria de contención territorial, hoy muestra signos evidentes de agotamiento estructural y el renunciamiento al federalismo interno para inclinar la provincia hacia la región del Comahue, con eje en Cipolletti. El principal síntoma de este declive es el desgaste visible de un Gabinete que no aporta ideas ni respuestas efectivas ante las demandas sociales y económicas. La falta de aire fresco en las áreas clave se traduce en una parálisis operativa, donde la gestión cotidiana se volvió eminentemente defensiva.
Quizás por eso, el Gobierno intenta recuperar la agenda institucional a partir de la idea de desregular el IPROSS. Bajo el lema de la "libertad de elección", la administración Weretilneck elevará un proyecto a la Legislatura para reformar la ley de la obra social provincial para que los empleados estatales elijan su cobertura médica. Los respaldos llegaron rápido: los bloques del PRO y Primero Río Negro emitieron comunicados a favor, ya que el esquema actual mantiene de "rehenes" a los trabajadores. Esos partidos habían presentado iniciativas similares. Sin embargo, las reacciones en contra no tardaron en llegar. Los gremios criticaron la iniciativa y la UPCN propuso que si el Gobierno no puede hacerse cargo, los sindicatos lo harán. La UnTER planteó: "no queremos elegir entre un IPROSS vaciado y una prepaga que no podemos pagar", y reclamaron el fortalecimiento de la obra social "solidaria y en manos de los trabajadores". SITRAJUR también planteó quejas.
La especulación entre los trabajadores del IPROSS -que ya se congregan en asambleas- es que "esto termina en un desguace" y temen por sus fuentes de trabajo. Creen que las arcas provinciales no pueden mantener el sistema, pero ven que la administración tampoco se esfuerza para que eso suceda. "Hay fin de ciclo y se llevan puesto todo", se quejaron en la última reunión. A este panorama de desgaste interno se suma la sangría política. El goteo de dirigentes a otros espacios -especialmente al conglomerado libertario- evidencia la pérdida de centralidad del liderazgo oficialista. En algunas oficinas de la Casa de Gobierno aseguran que tomar las iniciativas de ese sector, como la Ficha Limpia, la ley de farmacias, el límite a la "puerta giratoria" o la desregulación del IPROSS sirven para contener esa fuga.
El gobernador ingresó en modo campaña -su zona de confort- y busca enderezar el barco que venía escorado hacia un mileísmo intenso. Por eso lleva dos actos con la CGT (uno en el Valle y otro en Viedma) y enarbola críticas a las políticas de la Casa Rosada, como el abandono de Nación a las rutas. El intento de reubicación política de Weretilneck busca retomar el tradicional provincialismo de centro que definió a Juntos, marcando una distancia prudencial del alineamiento explícito con Javier Milei que mostró hasta hace poco tiempo. Sin embargo, esta maniobra de repliegue estratégico choca contra la inercia interna de una gestión desgastada que no puede seguir el ritmo pragmático que impone el jefe gubernamental, y eso desorienta a quienes deben conducir el Estado. Ya nadie sabe qué foto es la correcta.
La sensación de agotamiento político lleva a que algunos ministros y funcionarios critiquen al Gobierno y busquen cobijo en otros espacios. Viedma se ha transformado en una usina de mala vibra para Juntos y los pasillos de los ministerios propagan males de gestión. Las comisarías de toda la provincia conforman unidades políticas opositoras. Y en la Legislatura no son pocos los parlamentarios verdes que admiten a sus pares opositores las fuertes diferencias internas. Algunos optaron por irse, otros por esperar a que haya más claridad para tomar una definición, y otros ya acuerdan en secreto su pase.
En un intento de reanimación, el Gobierno hizo circular una encuesta de la consultora Vignoni que le otorga una ventaja a Weretilneck sobre sus competidores María Emilia Soria y Aníbal Tortoriello, pero sin números. En las conclusiones, el informe indica una caída de Milei (26% imagen positiva y 62% de negativa) y un avance de los indecisos al 30% para la elección a Gobernador. Paradójicamente, cuando se sumerge en la escena provincial, el sondeo no tiene porcentajes. Solo se limita a concluir que se rompió el escenario de tercios y que Weretilneck es el mejor ponderado. También asegura que ninguno de los candidatos está por encima de los 30 puntos y que entre ellos la distancia es considerablemente amplia. La encuesta pasó sin pena ni gloria.
El dilema de Weretilneck no radica únicamente en redefinir su discurso hacia el centro, sino en encontrar interlocutores y ejecutores capaces de revitalizar un proyecto que muestra signos claros de fatiga. La tan mentada "renovación" no dio los frutos esperados. Excepto Rodrigo Buteler, el resto de quienes encabezan el partido no cumplen las expectativas de gestión ni de instalación y proyección política. Por caso, ante la caída de Marcos Castro en la consideración de los vecinos de la capital provincial, Juntos ya sondea varios nombres. Uno en el que había "ilusión", no levanta. Nahuel Astutti quedó a cargo de la Secretaría de la Juventud, un organismo que se anunció con bombos y platillos para captar el voto de las nuevas generaciones. Ni el área ni el funcionario están a la altura de la idea original. Miden también al ministro de Gobierno, Agustín Ríos, pero "no mueve el amperímetro". El legislador Marcelo Szczygol levanta la mano, y avisa que lo viejo funciona.
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